La capacidad que tienen algunas personas para mantener la alegría y el buen humor incluso en los peores momentos es digna de admiración. Sin embargo, la psicología apenas se ha ocupado de conocer aquellos atributos diferenciales que nos hacen felices, se ha centrado mucho más en los problemas de las personas o en sus trastornos mentales.

Ha sido con la llamada Psicología Positiva propuesta por Martin Seligman (1998), que se ha pasado del estudio y tratamiento de la conducta problemática, a centrarse tambiénenlos aspectos positivos del ser humano que están detrás de su bienestar. La psicología no sólo sirve para arreglar lo que está mal, sino que también su objetivo es encontrar las capacidades que hacen que las personas se sientan satisfechas con su vida.

En este sentido, se viene demostrando que quienes utilizan a menudo sus propias fortalezas (como el sentido del humor, la vitalidad, la curiosidad, la capacidad de perdonar o la gratitud) y disfrutan de emociones positivas, disponen de valiosas defensas contra las desgracias y los trastornos psicológicos, y además, pudieran poseer la clave que hace aumentar su capacidad de recuperación. Hay datos muy claros que demuestran no sólo que la infelicidad o la depresión acortan los años y el bienestar, sino que el optimismo y la alegría tienen el efecto contrario.

Reducir el malestar e incrementar el bienestar son dos metas que no tienen que ser necesariamente equivalentes. Según la OMS (1948), “la salud es un estado completo de bienestar físico, psíquico y social, y no la mera ausencia de enfermedad”, y por lo tanto, no sentirse mal en la vida no debería ser suficiente. Para conseguir mayor felicidad necesitaríamos cada vez más vivir experiencias que la fomenten.

Así por ejemplo, los trastornos depresivos no parecen estar lo suficientemente explicados sólo por la presencia de emociones negativas, además deberíamos resaltar, la ausencia de emociones positivas. Sin embargo, durante mucho tiempo las terapias para la depresión se han encaminado a reducir los factores de riesgo o a paliar los efectos negativos como la apatía o la tristeza. Recientemente, se están desarrollando intervenciones complementarias, basadas en la estimulación en el sujeto deprimido de emociones positivas con actividades gratificantes. Sentir emociones positivas es importante no sólo porque resulta agradable, sino porque hacen que las emociones negativas se desvanezcan rápidamente.

La vida está llena de cambios fisiológicos, sociales y psicológicos o de adversidades que afectan a la salud, pero se pueden alcanzar buenas cotas de bienestar desde el optimismo, desde unas buenas relaciones sociales y con la actitud positiva de querer “hacer frente” a las cosas según vengan. 

Linette Quintero–PSICÓLOGA–