Mirar hacia el futuro y tener la capacidad de anticipar cosas positivas, pese a lo que nos pudiera pasar, es propio de las personas optimistas. La vida puede estar llena de contratiempos, dificultades, frustraciones o de eventos muy negativos, pero, mientras que el optimista cree que su desagradable situación puede revertirse, el pesimista se siente tan impotente que se rinde con facilidad. No es cuestión de creer que el futuro está marcado por nuestro destino o de pensar en que suele suceder aquello que previamente habíamos visualizado. Más bien se trata de un largo proceso por el cual las actitudes del optimista y del pesimista van modelando los pensamientos y los comportamientos de cada uno de ellos, hacia la confianza en un caso y hacia la desilusión en el otro.
Con optimismo se aguantan mejor las desgracias y dificultades que se presentan cuando sufrimos una larga enfermedad o una grave lesión. Un buen ejemplo es Christopher Reeve, el célebre actor que encarnó a “Superman” y que a los 43 años quedó paralítico al sufrir un grave accidente de caballo. Consciente de su gravedad y después de plantearse acabar con su vida, asumió su tetraplejia con gran optimismo. Decidió no dejarse vencer por la negatividad y sobrevivió nueve años más sintiéndose útil y feliz. Cuentan sus hijos que lo más admirable que aprendieron de él fue que, si nos centramos en lo positivo, en vez de hacerlo en lo que ya no tenemos, se abre todo un mundo de posibilidades.
Realmente ¿En qué consisten las características esenciales de una personalidad optimista como la de Christopher Reeve?
- En mantener unas expectativas positivas, favorables y sentirse capaz de seguir adelante ante cualquier desastre. Es lo que hace incrementar el estado de ánimo y la motivación para esforzarse en alcanzar objetivos. En cambio, el pesimista, al predecir unos resultados negativos, hace que pronto abandone y evite intentar acciones que podrían ser exitosas.
- Cada persona hemos adquirido un estilo explicativo con el que interpretar la realidad y comprender las posibles causas de los eventos vividos, y tal explicación tendrá resultados diferentes sobre nuestras vidas. El estilo explicativo optimista es la tendencia a explicar los malos sucesos por causas externas a uno mismo, inestables en el tiempo y específicas del ámbito afectado. Por eso, el optimista valora su situación como mejorable y, aunque pueda sentirse impedido para muchas ocupaciones, no se dará por vencido y avanzará valientemente en lo que pueda. Sin embargo, el estilo explicativo pesimista, tiende a explicar o creer que sus problemas durarán siempre, no podrá controlarlos y estropearán todo lo demás.
- En emplear estrategias de afrontamiento adaptativas hacia los problemas, ocupándose de todo aquello que pueda hacer y, de pedir ayuda. En contraste, el pesimista, hace un mayor del uso de las estrategias que potencian las emociones negativas y un menor empleo de estrategias dirigidas a solucionar los problemas.
Por Linette Quintero -Psicóloga-

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