Las lesiones neurológicas ocasionadas por el traumatismo craneoencefálico, el accidente cerebrovascular o por el propio envejecimiento, son un enorme problema de salud pública en todo el mundo. Estos daños suelen sobrevenir de forma repentina, van cargados de numerosos cambios vitales, generan una gran discapacidad en el afectado y reducen no solo sus propias capacidades, sino también los recursos de sus familiares con los que tienen que enfrentarse a diario para cuidarle.
Su elevada incidencia y las secuelas incapacitantes que aparecen a nivel motriz, perceptivo, cognitivo y afectivo suponen un impacto muy negativo en el ámbito de la relación interpersonal. Provocan un profundo dolor a la familia que cuida y atiende al paciente, un temor constante por el futuro de la situación, un desgaste continuado y un alto grado de ansiedad, estrés y depresión, con la consiguiente pérdida de calidad de vida y de relaciones sociales.
La neuropsicología trata de ayudar a los afectados a desenvolverse y mejorar su funcionalidad y autonomía. Trabaja con ellos para que aprendan a sobrellevar o a reducir sus dificultades cognitivas (como la atención, la memoria, el lenguaje o las funciones ejecutivas), a manejarse en sus cambios de conducta, sus comportamientos inadecuados y sus alteraciones emocionales. Pero además, evidencia la importancia del apoyo en la intervención y considera primordial ayudar a los cuidadores familiares en el entrenamiento oportuno para que puedan adaptarse mejor a la situación sobrevenida.
En este sentido, trabajar de forma conjunta con la familia, facilita adaptarse mejor a la nueva situación desarrollando las estrategias de afrontamiento convenientes. La finalidad es comprender mejor las dificultades en que se encuentra el paciente y mantener un entorno estimulante y afectivo, de manera que se aumente su motivación y refuerce su autoestima.
Se viene comprobando que la intervención conjunta en la adaptación a las dificultades durante todo el recorrido de la rehabilitación, mejora la percepción de la salud general de los pacientes, reduce sus reacciones emocionales negativas, así como disminuye las tensiones del cuidador familiar. Es decir, la participación de la familia en la intervención de las secuelas neurológicas del paciente, sobre todo con cambios cognitivos y de comportamiento, es beneficioso para todos.
Las necesidades de las familias tras una lesión cerebral del afectado van a fluctuar dependiendo del momento. Una vez estabilizado al paciente después de su paso por el hospital, con la consiguiente preocupación, incertidumbre y el temor a la muerte, los familiares desean conocer el alcance del diagnóstico y pronóstico. Si este diagnóstico fuera explicado por un profesional ayudaría al familiar a comprender la difícil situación, podría involucrarse mejor en el proceso y podría ajustarse a la realidad de forma práctica como es, conciliar sus actividades laborales con las de cuidador.
Los cambios de conducta del paciente son los que más afectan a la hora de reintegrarse en la comunidad. Estos cambios pueden aparecer en forma de agresividad, desinhibición, comportamientos inapropiados, impaciencia, apatía, etc., y sin embargo, los familiares rara vez cuentan con el entrenamiento oportuno para gestionarlo. Si ese entrenamiento se llevara a cabo por el profesional de apoyo y rehabilitación, podrían aplicarse las estrategias eficaces de afrontamiento para el manejo de situaciones difíciles.
Nos resulta fundamental atender las necesidades de apoyo psicológico de las familias, donde la reconstrucción de la nueva identidad, la aceptación de las secuelas y la gestión de relaciones sociales toman gran importancia. Asimismo, sería esencial orientarles en las técnicas de comunicación, en las habilidades para enfrentar o minimizar las reacciones emocionales, sensaciones de estrés y de carga que se generan ante la demanda de los cuidados que requieren estos pacientes.
En definitiva, toda esta psicoeducación contribuiría a que las familias se conviertan en el mejor soporte emocional para los pacientes, y toda la intervención neuropsicológica se vería favorecida significativamente por ello.
Por Linette Quintero Hawkins- PSICÓLOGA GENERAL SANITARIA-
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