“Miles de personas han sobrevivido sin amor, ninguna sin agua”
W. H. Auden.
La actualidad es como un río, siempre en constante movimiento y guiado por diferentes corrientes que modifican la forma de pensar, actuar o simplemente vivir de todos sus bañistas.
Dentro de esa aborigen de cambios, que mueven cual bandera la forma de ver a los diferentes protocolos y tratamientos no farmacológicos, se encuentra desde hace casi una década atrás la temida evidencia científica y que tantos barcos ha hundido, aun pareciendo tener certezas de grandes resultados en los pacientes que se “han subido” a sus cubiertas.
La terapia acuática empezó siendo un pequeño navío de pescadores, repleta de arreglos chapuceros y que a duras penas podía surcar mares tan calmados como el actual maltrecho Mar Menor de Murcia. En la actualidad es un galeón, repleto de grandes tesoros de evidencia cada vez mayor, por mucho que desde diferentes frentes los bombardeen con balas de cañón tan poderosas y, a la par, tan poco sustentadas, como el edadismo y su mala adaptación al medio acuático, la dificultad de encontrar zonas adaptadas para su ejecución o la simple kinesiofobia conforme avanzamos en edad (todo sustentado en “historias marineras arcaicas”, pero que desgraciadamente como las leyendas de grandes monstruos marinos siguen en boca de muchos).
Si bien como las profundidades del mar y su amplia extensión en nuestro planeta, la terapia acuática puede presentar una gran cantidad de millas por recorrer y descubrir, siendo el “debe” del cada vez más potente y rico galeón. Se ha avanzado mucho más de ese paupérrimo 5% del conocimiento del fondo marino actual en la terapia acuática y, cada ensayo clínico aleatorizado, revisión bibliográfica o cualquier otro formato reman hacia ese puerto final de total evidencia en aspectos tan dispares, pero básicos en el ser humano como son los tres niveles de salud básicos: físico/biológico, psicológico/emocional y social/relacional.
La capacidad de poder adaptar este galeón a los diferentes mares y océanos (programas aeróbicos, programas mixtos aeróbicos-fuerza, programas de resistencia o simplemente ocio-saludables) como de enriquecer sus palos, masteleros o vergas (técnicas de relajación, baile, natación terapéutica o el uso de miles de implementos acuáticos de flotabilidad, resistencia, pesos…) le permite tener una amplia variedad de tripulantes. Tripulantes con diferentes estadios de deterioro cognitivo, demencias, múltiples comorbilidades asociadas… pero también cuadros traumatológicos, reumatológicos, neurológicos varios… desde los primeros meses de vida hasta su final y con diferentes objetivos clínicos.
En esta época, los mitos erróneos marineros son bastante diferentes a los de los siglos XVI y XVII. Se basan más en likes y solicitudes de amistad o en ver si el influencer de turno, fuente de total evidencia científica, le gusta o no determinada terapia, utopías de un amor irreal e inservible.
Peligroso mapa náutico que en vez de hacernos disfrutar nos lleva a un tsunami de destrucción y, con ello a perder nuestro barco vital de toma de decisiones y de evidencia. No vendría mal dejar de ir a la deriva dentro de estas corrientes oceánicas peligrosas y agarrar fuertemente el timón y el izado de velas para no perder el rumbo científico y, demostrar una vez más que este galeón de la terapia acuática es “inmortal” y, sino que se lo digan a Wystan Hugh Auden.
¡Larga vida al galeón de la terapia acuática!
Por Pablo González-Fisioterapeuta-.
Bibliografía:
– Terra R, Tayla Borges Lino, Gabriella Simões Scarmagnan, Rosa S,
Beatriz A, Christofoletti G. A Controlled Clinical Trial on the Effects
of Aquatic Exercise on Cognitive Functions in Community-Dwelling
Older Adults. Brain Sci. 2024;14(7):703.
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